¿Y si le dijera que la recesión gingival y la sensibilidad que experimenta no tienen nada que ver con la fuerza con la que se cepilla los dientes, la frecuencia con la que usa hilo dental o el tipo de pasta de dientes que utiliza?
Puede sonar sorprendente. Sin embargo, es cierto.
Sus encías no son simplemente un tejido blando como la piel. Están compuestas por una matriz de colágeno altamente estructurada.
Investigaciones realizadas por la Universidad de Medicina de Białystok, en Polonia, indican que el colágeno tipo I representa aproximadamente el 90 % del tejido gingival.
El colágeno constituye el armazón de sus encías. Mantiene unidos los tejidos conectivos, los fija a los dientes y les confiere su grosor y solidez.
Aquí está el verdadero problema.
A partir de los 30 años, su organismo produce cada año menos colágeno. A los 50 años, esta producción puede ser hasta un 70 % inferior a la de una persona de 25 años.
Resultado: este armazón interno comienza a debilitarse progresivamente. Los tejidos pierden su capacidad de permanecer firmemente en su lugar.
Se adelgazan. Se retraen alrededor del diente. Las fibras gingivales que conectan la encía con el hueso se debilitan y se desprenden progresivamente.
El tejido se desploma.
Esto es lo que se conoce como recesión gingival.
No es únicamente una cuestión de bacterias, de técnica de cepillado o de predisposición genética.
Es, ante todo, un debilitamiento de la estructura de las encías relacionado con el agotamiento de su matriz de colágeno.